domingo, 19 de enero de 2014

Ilustración: Dibujo con tableta

Suelo ser partidario del dibujo tradicional a lápiz sobre papel, pero las cosas evolucionan y evidentemente, aunque seamos unos maestros del arte de toda la vida, también deberíamos saber defendernos con las nuevas tecnologías que, por otro lado, nos proporcionan cierta facilidad por eso de poder borrar nuestros errores sin dejar rastro. Así, el equivalente tecnológico al lápiz (aunque con evidentes diferencias) es usar una tableta junto con algún software de dibujo.

Usar una tableta nos permite dibujar imitando técnicas artísticas como acuarelas, lápiz, o aerógrafo, por citar algunos ejemplos, y con bastante buenos resultados (aunque teniendo siempre en nuestras manos un tacto y una forma de proceder un poco diferente). Además, podemos borrar sin problemas si nos equivocamos, corregir proporciones del dibujo final si fallamos en algo o trabajar por capas y recurrir a efectos como transparencia, entre otras ventajas.

Existen varias opciones a la hora de comprar una tableta gráfica, dependiendo del nivel que tengamos, el que queramos alcanzar, y el dinero que queramos gastarnos. Desde la más barata y de un tamaño similar al formato de papel A5 con la que podemos empezar, hasta una opción que nos permite dibujar directamente sobre una pantalla como si de un papel se tratara (la más cara), pasando por opciones intermedias con tamaños menores o mayores que el A4 y que permiten una calidad profesional.



En mi caso hace años que empecé con una tableta de baja calidad y un tamaño bastante reducido pensando que no existía demasiada diferencia y que podría llegar a hacer grandes dibujos con ella. Con el tiempo, me di cuenta de que para hacer dibujos sencillos es más que suficiente, pero cuando empezamos a trabajar a cierto nivel, echamos de menos algo más profesional. Me hice así, con una tableta de formato algo mayor que el A4 y con algunos accesorios muy útiles (Aerógrafo, diferentes puntas para el lápiz, como alguno que imita el tacto del pincel, etc.) Hoy en día, no me arrepiento de mi compra (aunque costó cara). Las diferencias existen y cuando se trata de alcanzar una calidad determinada pueden dar algo de ventaja, siendo evidente, eso sí, que no nos van a convertir en grandes artistas si no lo éramos antes.

Usar una tableta (algunas cosas solo si es una de las caras) nos permite recurrir a la detección de la presión del lápiz para dar más claridad u oscuridad a un color, pintar más o menos gruesa una línea imitando una plumilla de entintado, rotar motivos de un pincel según torcemos la muñeca, etc. En definitiva opciones que aceleran nuestro trabajo y nos facilitan tanto la planificación como el propio dibujo o la corrección de posibles errores.

Tendremos un proceso de aprendizaje en el que habituarnos a su forma de funcionar (y a la del software), pero merece la pena ¡y además son imprescindibles para facilitarnos el esculpido en 3D!


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